Cómo lidiar con un colega tóxico y manipulador en el trabajo

¿Cree que solo tiene un colega difícil? ¿Y si en realidad fuera un manipulador perverso, experto en toxicidad laboral? Descubra cómo detectar esta manipulación y sobrevivirla.

Hay gente que, cuando entra a un salón, hace bajar la temperatura hasta el cero absoluto. Suelen describirlos como colegas tóxicos. A mí me tocó desde mi primer trabajo de estudiante. O sea que fui iniciada a la fauna profesional por el lado oscuro de la Fuerza. En esa época era una muchacha demasiado educada, demasiado bien criada, demasiado de «hay que entender a los demás, no hay que juzgar«, como para saber cómo defenderme. Un pase directo al papel de presa perfecta.

Primer día: me sentía Shakira de sastre gris

Mi primer trabajo fue en una oficina administrativa de una universidad (sí, hasta probé suerte en el sector público… en mis inicios). No era para saltar de la dicha, pero tenía escritorio, silla con ruedas y esa sensación de por fin ser alguien. Me dije: «listo, arranca mi carrera». Y es que el entusiasmo es una cualidad que, a veces, nos convierte en presa perfecta. La jefa me dio instrucciones muy precisas:

«Los expedientes se procesan en ESTE orden. No de otra forma.» Claro que sí, jefa.

Segundo día: cambia las reglas sin avisar

Vuelvo, hago exactamente lo que me dijo. Me cae encima como si le hubiera pinchado las llantas.
«¿Pero por qué está haciendo eso ASÍ?»

Balbuceo que seguí sus instrucciones. Ella lo niega. O no lo niega, pero decidió que el juego del día era «adivine con cuál regla estamos jugando ahora».

Tercer día: mismo cuento.
Cuarto día: remix del anterior.

Y cada intento de obedecer se convertía en una falta.

Spoiler: NO era un malentendido

Al principio pensé que era yo. Una mala interpretación, un descuido, quizás nervios de novata. Después pensé que ella estaba desbordada de trabajo, un poco imprecisa con sus instrucciones. Pero la repetición me fue abriendo los ojos, poco a poco: ella no buscaba que yo entendiera. Esa confusión, ella la mantenía adrede. Era una estrategia, no un accidente. Una manera de mantenerme en la incertidumbre, de sembrar dudas hasta que desconfiara hasta de mi propia lógica. Justo ahí es donde opera la trampa.

Un juego de poder perfectamente engrasado. ¿Y en las gradas de ese pequeño teatro cruel? Otra pasante, tan joven como yo, observando la escena con una risita disimulada. ¿La solidaridad entre mujeres? Solo existe en las revistas. Ese día entendí que uno puede ser perfectamente cómplice de una manipulación, incluso sin llevarla a cabo. Y yo, atrapada en el papel de la «niña bien educada», me quedaba callada, aguantaba, convencida de que el problema era yo.

El punto de quiebre: me derrumbé en llanto

Un día ella llevó el juego demasiado lejos. Y colapsé. Terminé llorando y, por supuesto, nadie se inmutó. Ni una mirada, ni una palabra. Solo ella, con su sonrisita de satisfacción. Aguanté un mes de un contrato de tres. No es mucho, pero tuve que elegir entre mi salud mental o ese simulacro de experiencia profesional. Tomé mi decisión y jamás me arrepentí.

Antes de irme tuve un pequeño acto de resistencia: fui donde la directora de Recursos Humanos. Le dije, con toda calma, que no entendía por qué esa oficina recibía pasantes, si literalmente no había nada que hacer (lo cual era la pura verdad). Sabía que eso no iba a cambiar nada, pero me hizo un bien tremendo. ¿No es acaso decir las cosas ya una forma de recuperar algo de poder?

Lo que me hubiera gustado saber a los 20 sobre los colegas tóxicos (y que aprendí después)

Lo que yo vivía no era un «malentendido generacional». Era un juego psicológico, perfectamente identificado en el Análisis Transaccional (AT).

El juego favorito de los perversos de oficina: el NIGYSOB

Sigla fea, para Now I’ve Got You, Son Of a Bitch («¡Ahora sí te agarré, mal parido!»). El principio es simple:

  • El colega tóxico le tiende una trampa moral o profesional.
  • Usted cae en ella pensando que está «haciendo bien su trabajo».
  • Después lo aplastan: «¡Ajá! ¡Lo agarré, incompetente!»

Lo que yo viví es apenas una de las tantas variantes de este juego. Aquí van otras muy comunes:

  • El colega que le pide un trabajo urgente, y después lo humilla en público porque no respetó un formato que nunca le había especificado.
  • El jefe que lo empuja a hablar en una reunión, para después hacerle saber que «no era su lugar».
  • El cliente que lo acosa por una cotización, y después lo acusa de querer «vender a como dé lugar».
  • La colega «buena gente» que lo anima a expresarse, para después irle con el chisme a un superior.

Objetivo del jugador tóxico: hacerlo caer en una falta armada de pies a cabeza, para poder desahogarse moralmente… mientras conserva una imagen impecable.

¿Por qué caemos en esto?

Este tipo de manipulación solo funciona si uno acepta, muchas veces sin darse cuenta, navegar en la confusión. Uno quiere hacer bien las cosas, no quiere incomodar, asume que fue «uno» el que entendió mal… y justo ahí se cierra la trampa.

Esa confusión que nunca se cuestiona se convierte en el terreno de juego soñado para este tipo de comportamiento. Mientras usted no aclare las cosas, sigue jugando. Y mientras juega, va perdiendo.

¿Cómo romper el juego? 4 técnicas que funcionan

Este tipo de manipulación puede ser muy sutil. Pero, por suerte, hay formas de contrarrestar eficazmente al colega tóxico. Aquí van algunas técnicas para salir de esta sin perder su dignidad.

  1. El correo de aclaración: Por ejemplo: «Hola, para confirmar: ¿quiere que procese los expedientes en orden alfabético inverso desde hoy? ¿Cuándo empiezo?» Esto aclara las reglas, lo posiciona a usted como un adulto responsable y obliga a la otra persona a comprometerse explícitamente con las reglas del juego.
  2. La ampliación de la mirada: Si hay varias personas involucradas, ponga a alguien en copia para exponer la situación. «Como esto involucra a varias personas, voy a poner en copia a Mariana para que todos estemos alineados, ¿está bien?» Esta técnica expone la situación y la vuelve más visible, lo cual dificulta la manipulación.
  3. La reformulación pública: En una reunión, reformule con claridad lo que se le pide: «Si resumo lo que espera de mí, es X. ¿Confirmamos que todos estamos de acuerdo?» Esto hace visible la intención manipuladora si la persona se niega.
  4. La estrategia del anti-gancho: No reaccione emocionalmente a la provocación. Por ejemplo: «Anoto su comentario. Voy a pensar cuál es la mejor manera de proceder.» Esto le permite mantener el control sin caer en la culpa.

Romper el ciclo manipulador: qué pasa cuando usted dice no

En cuanto usted rompe su control, el manipulador reacciona. Si acepta la aclaración, está frente a una persona difícil, pero no necesariamente deshonesta, y es posible llegar a un terreno común con ella. Pero si explota («¿¡Me está acusando de mentir!?»), es porque usted le rompió el juego. En ese momento hay dos opciones: se calma y el ciclo termina, o lo margina a usted, buscando una presa más fácil.

En cualquier caso, algo queda claro: usted ya salió de su radar. Van a intentar reducir su influencia discretamente. Manténgase firme, aclare las reglas y afirme su confianza para recuperar el poder y neutralizar su juego.

Cuando la única salida es irse: escapar de la manipulación en el trabajo

A veces, simplemente no hay nada que hacer.

Algunos manipuladores, en particular los perversos narcisistas, controlan toda un área, influyendo en las interacciones y el ambiente mientras destruyen metódicamente a quienes los rodean. Su poder suele ejercerse en silencio, con la complicidad pasiva de un entorno resignado, lo cual termina en incapacidades médicas, burnout, incluso depresión, mientras la medicina laboral constata los daños.

¿La única opción viable? A veces hay que irse, antes de que el veneno le toque las emociones, la salud mental, la identidad. Lo que yo viví se parece mucho al gaslighting, esa manipulación que lo hace dudar de su propia realidad. Si este término le suena familiar, le recomiendo este test sobre el gaslighting.

Y si todavía tiene dudas, este otro artículo sobre la toxicidad y la manipulación en las empresas podría ayudarle a ponerle nombre a lo que está viviendo — o a entender lo que atraviesa un colega o un ser querido. A veces, ponerle palabras a algo ya es empezar a salvarse.

Recuperar el control: ¡salir de la trampa!

Con el tiempo aprendí a desenmascarar los juegos, a hacer preguntas que congelan la realidad, a no jugar sin querer. ¡Y eso lo cambia todo! ¿Me he vuelto a topar con manipuladores fastidiosos? Claro que sí. Pero, curiosamente, dejaron de interesarse en mí muy rápido. Tal vez aprendí a morder con educación, o a hacerles sentir que ya me había leído el manual.

Si alguna vez vivió algo parecido en el trabajo —o si vio los estragos de cerca en alguien más— sepa esto: el problema es el juego, y quienes se niegan a alejarse de él. Pero usted sí tiene alternativa:

  • Aclarar las expectativas desde las primeras señales confusas.
  • Identificar los mecanismos en juego.
  • Y, si la relación sigue siendo tóxica a pesar de todo, poner límites — o incluso irse antes de dejarse quebrar.

Esto requiere valentía, es cierto. Pero recuerde: es exactamente esa valentía la que ya lleva dentro. Así que mantenga la cabeza en alto, y recuerde que la verdadera victoria está en la libertad de no jugar su juego !

Scroll al inicio